jueves, agosto 24, 2006

 

2da escena relato

-Señor Jiménez, por favor...

El hombre, de braga amarrilla, extiende un papel y un bolígrafo, sólo espera su firma. Son las cinco de la tarde y cede el día. Una caja de libros fue la última en llegar.

Él se limita a realizar lo mínimo necesario para satisfacer el pedido. Trata de murmurar algo que suene a 'hasta luego', 'muchas gracias' o algo similar. Luego es efectivo en levantarse y acompañar a su visitante, llevándolo, dirigiéndolo hasta la puerta para hacerlo salir.

Cierra la puerta como si fuera un faraón que se entrega a la eternidad en una tumba desproporcionada.

El balcón.

Sobre el mar, cuyas olas apenas se perciben, hay rayones de anaranjado del sol que va desapareciendo. Voltea una de las sillas del comedor, se sienta, apoya el mentón en el respaldo de madera y deja pasar las horas.

Llega la noche. Todo lo que ve ahora es la uniformidad de azul profundo interrumpida por puntos luminosos fijos o intermitentes.

'La vida es un balcón, Milena', comienza a escribir en una carta con destinataria pero sin dirección de entrega.

'Como el día que se reinventa en noche mirado desde un balcón, Milena, todo cambia para seguir igual pero cuánto ensañamiento hay en el proceso'.

Varias, muchas, demasiadas líneas.

Sólo se interrumpe para analizar si podrá adoptar un nuevo criterio para ordenar su biblioteca, lo demás son páginas y páginas de cosas que quedaron por decir.

Y 'adiós, Milena' para cerrar.

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