martes, agosto 08, 2006

 

Primera sesión: El germen de la historia

Previo

Un taller de ocho sesiones tiene como principal reto crear entre nosotros una pequeña lista de convenciones que, aunque parezca irónico, apunten a recordar la libertad que a veces sacrificamos intentando seguir dogmas. Dos de ellas son especialmente importantes para la sesión de hoy y para sostener al taller y por eso comenzamos nombrándolas.

Los problemas en la ficción existen y, a diferencia de las matemáticas, no hay una solución; hay varias, cada una tiene sus matices y el gusto, el instinto y el entrenamiento lector lo que le dice a al escritor cual es la solución más idónea para el texto específico. El escritor está en la obligación de responsabilizarse por su escogencia y demostrar con su texto que esa era la mejor manera de resolver el problema.

Cuando se comienza a estar persuadido de que hay cosas que nunca pueden hacer en ficción y otras que siempre deben hacerse comienza un proceso de artritis que termina en rigidez pedante y atrofia de la intuición. Si esto queda claro ya se le ha sacado provecho a la sesión.

El germen de escribir historias

Si nos vamos al comienzo podemos decir que tiene que haber una predisposición a jugar con las historias, a articular anécdotas de un modo consciente para hacerlas más entretenidas. Uno se acerca por la fascinación sostenida hacia el cotilleo que rodea las vidas de los seres imaginarios.

Reflexionar acerca de por qué se dedican horas a trabajar con historias no reales o al menos no en el mismo plano de realidad cotidiana no es indispensable y, en dado caso, es mejor hacerlo en paralelo con la escritura como tal.

Sin embargo, podemos dar un punto de vista contenido en uno de los libros incluidos en la bibliografía. Vargas Llosa comenta que la escritura de ficción tiene en su origen un gesto de rebeldía por eso enfatiza que "las caras, anécdotas, situaciones, conflictos que se imponen a un escritor incitándolo a fantasear historias, son precisamente los que se refieren a esa disidencia con la vida real, en con el mundo tal como es..."
Hay muchos libros, entrevistas y otras publicaciones donde se habla de por qué se escribe, para comenzar, es mejor escribir.

El germen de la historia propiamente dicho

Se llama el germen de la historia porque se refiere a un estímulo que nos lleva a pensar en una situación que puede ser representada. Como fuente, cualquiera sirve: poemas, canciones, libros, mitos, leyendas, anécdotas personales. No se debe despreciar ninguna, pero no es necesario que estemos pendientes, al menos de manera consciente, pescando historias. No podemos acercarnos con prejuicios, sobre lo que es importante, elegante, trascendente, popular, estimulante, motivante.

En este punto, me gusta la comparación con las pruebas de alergias: se coloca sobre la piel un rectángulo con diferentes tipos de agentes y el tejido reacciona ante algunos: esos son los gérmenes. Entonces, tal vez, lo que hay que observar no son los estímulos exteriores sino aprender cómo uno reacciona, cuáles invitan a continuar la reflexión, la indagación.

John Gardner recuerda un dicho: lo que la imaginación envía, el escritor debe organizarlo con su criterio. Por lo tanto, hay que construir confianza en ese juicio (está relacionado con la lectura, con el saber cuál límites se han explorados y hasta donde se podrían expandir nuevas búsquedas).

Quiero volver sobre la idea de descubrimiento porque he confirmado que es riesgoso saber de manera perfecta qué va a pasar a lo largo de la historia, momento a momento. Si la historia no tiene el poder de sorprender a su escritor, mucho menos lo tendrá con sus lectores. La emoción -y a la vez la fuerza para emprender la tarea-, en mi experiencia, está en ese descubrimiento y la buena ficción en la mezcla de planificación y ese descubrimiento. Pero este descubrimiento no es sólo iluminación, es también trabajo, reflexión formularse las preguntas adecuadas, desde todos los puntos de vista.

Una historia estéticamente satisfactoria contendrá un sentido de lo extraño de la vida. No hay que desesperarse por tener, aparentemente, sólo un punto, un instante que a uno le parece que tiene una historia, como está explicado en "Mientras escribo": Las historias son reliquias, fragmentos de un mundo preexistente que no ha salido a la luz.
Hay que cuidar las herramientas que se utilizan para la excavación.

Punto de vista personal germen

No me gustan las historias donde la moraleja sea evidente, donde haya una intención efectista (el final de la película Philadelphia); no creo en la "necesidad de desahogarse", al menos como motor único de una ficción (creo que no alcanzaría).

Tema

Aunque es evidente que o bien aparecen juntos el germen de la historia y el tema, o una vez con el germen uno se pregunta acerca del tema, hay que tomar el consejo de Stephen King: empezar por las cuestiones e inquietudes temáticas es una de las recetas de la mala narrativa. Quiero comenzar con una cita que, en su momento, organizó algunas de las ideas que yo tenía con respecto a los temas, es del cuentista norteamericano Raymond Carver, de su ensayo "La vida de mi padre":

During those years I was trying to raise my own family and earn a living. But, one thing and another, we found ourselves having to move a lot. I couldn't keep track of what was going down in my dad's life. But I did have a chance one Christmas to tell him I wanted to be a writer. I might as well have told him I wanted to become a plastic surgeon. "What are you going to write about?" he wanted to know. Then, as if to help me out, he said, "Write about stuff you know about. Write about some of those fishing trips we took.

La importancia para mí de ese pasaje tiene que ver con que la respuesta del padre de Carver, aunque simple en apariencia, me parece que tiene un significado más sutil. Le dice al hijo escribe sobre quién eres, sobre quién fuiste y quería retomar el aspecto íntimo, personal de la escritura. Como dijimos no hay nada "malo" antes de escribirlo, pero es triste tomar siempre una pose de lo que sea: moralista, ambientalista, buen esposo, padre, degenerado, libertino sexual, guía espiritual. En la buena ficción esa intención debe surgir de manera natural y como parte del efecto superior y no de la confección superficial.

Hay escritores que recomiendan escribir sobre lo que se conoce. Hay que escribir sobre lo que a uno le importa, sobre eso se escribe mejor. Hay que escribir sobre aquello que nos obsesiona y excita y está visceralmente integrado a nuestra vida. Lo cual no es limitativo porque conocer tiene que ver directamente con cada uno de nosotros, aquí el dicho de que "depende del cristal con que se le mire" es cierto y cada uno tiene su propio cristal.

Siguiendo con esta imagen, lo que hay que hacer con el cristal es conocerlo, encontrarle un mango para manejarlo y, sobre todo, pulirlo. El mango se le consigue cuando se escribe continuamente o se analizan diferentes situaciones como posibles historias: es el proceso de reflexión que lleva al descubrimiento del cual hablábamos anteriormente. El cristal se pule leyendo, exponiéndose a la mayor cantidad de modelos posibles de ficción. No se puede ser mejor escritor que los libros que uno ha leído.

Hay que pensar y repensar la historia porque seguramente en ese proceso se topará uno con la vuelta particular, propia. La ficción no sólo le descubre al escritor los elementos de un relato determinado sino aspectos de sí mismos que no conocía o comprendía poco.

El tema no es bueno ni malo depende desde el punto de vista desde el cual se trata. Tenemos que conceder al artista su tema, su idea, su donnée: nuestra crítica se aplica solamente a lo que hace con ellos.

El principal tema de la ficción abarca las emociones, los valores y las creencias.

Se debe apuntar a la maestría y no a un catálogo de reglas.

Forster dice que el único mérito que en sí misma puede tener la historia es "conseguir que el público quiera saber qué ocurre después".

Una buena técnica es hacer preguntas en condicional. (¿Qué pasaría si...?)


Final

Algunas preguntas que es bueno hacerse, sobre todo, cuanto más clara se tenga o se crea tener una situación o historia a escribir:
¿En cuánto tiempo, días, meses y años se desarrolla?

Punto de vista temas

Escribir es crearse un mundo propio, alguien recomendaba que se debía por leer los textos en ayunas cada mañana al levantarse, una prueba de asco.

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