martes, agosto 22, 2006

 

Sesión 6: La narración

Previo

Si algo puede observarse desde las primeras lecturas utilizadas como ejemplos es que cada texto puede separarse, para su análisis, en diferentes aspectos. A partir de la sesión anterior se observa que dos de estos aspectos son escena y narración. Sin embargo, debe recordarse que no se trata sólo de formas de analizar sino, básicamente, de formas de escribir ya que, como afirma Gardner la ficción no es un gran "flujo" o envión sino que está hecha de unidades estructurales

Lo que llamamos narración

La característica que de manera más precisa describe lo que llamamos narración sería la siguiente: es cuando el narrador prescinde de los recursos de dramatización. Es decir, cuando en lugar de mostrar los eventos simplemente los relata.
Como hemos dicho de la escena, la narración también está compuesta por información y emoción y no deben descuidarse ninguno de estos aspectos.

Usos de los pasajes narrativos

En el relato, si observamos nuestra trama, debemos estar atentos a los principios de énfasis y función. En el primer caso, nos referimos a la atención que le damos a un evento específico, en el segundo a la relación directa que tiene con el conflicto principal del relato.

Por lo general, usamos la narración para hacer referencia a espacios de tiempo amplios, en los cuales no queremos detenernos en forma de escena, es decir, sus implicaciones no dependen de esa interacción directa mencionada en la escena.

Se utilizan muchas veces para abrir un relato y dar al lector la información básica esencial que permite ingresar a la ficción. También para cerrar, como conclusión de los eventos que han sido mostrados.



El peligro más evidente

Aunque para la narración igualmente aplican todos los aspectos en los cuales nos hemos detenido durante todas las sesiones anteriores, dado que como hemos dicho uno de los usos del pasaje narrativo es informar al lector, encuentra en esta característica un error bastante frecuente.

A pesar de utilizar un idioma común es cierto que el mundo de referencia de cada uno puede variar, es decir, puede que nombremos las cosas de una manera tan particular que sea difícil para otro entender ese significado específico. Entonces hay una encrucijada: se podría explicar todo, es decir, ir palabra por palabra explicando o al menos en el caso de las palabras ambiguas. O nos arriesgamos a la incomprensión y no explicamos nada.

Como en todo la línea media siempre es la mejor. Hay que recordar que hay formas sutiles de explicar, como a través del contexto. Por ejemplo, si en Venezuela escribimos un relato y no explicamos mayor cosa sobre el narrador y personajes, pero aún queremos utilizar "braga" como ropa interior femenina (significado en España), sería posible explicarlo dando algunas características sobre esta braga que nos permitiría darnos cuenta que no es un overol. En un diálogo cabría también esa explicación.

La peor opción es la intromisión del narrador. Ocurre cuando se introduce un inciso sin ninguna relación con la historia simplemente para explicar un término.

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